Cómo le gané a los fantasmas del pasado

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Por Magalí Huarte
Foto: Agostina Valle

Nunca fui de tener muchas amigas. Siempre tuve el chip en mi cabeza de “las mujeres son muy complicadas, se pelean por todo” y me lo creí. Supongo que todes lo creímos en algún momento: yo al menos desde mis 13 hasta mis 23 años. Diez años de creer que nos peleamos por todo, que somos histéricas y que cualquier chico-que-nos-guste-en-este-momento es más importante, porque claro, ellos no son complicados.

En realidad, complicado es saber que la gente se aleja de vos porque estas con “ese” que ya le gustaba a alguien. Hacerte la que no te importa porque vos llegaste primero, te dio bola a vos y sos feliz con él. O terminar en el medio de una pelea de dos chicas por un chico y pensar que esto no vale la pena porque ya lo viviste, que estamos grandes para esto, que aprendimos. Pero no. No hacés nada al respecto y allá va otra amiga, conocida, hermana, futura compañera que se aleja de vos.

Los años pasaron y el cliché de que une se pone más sabie resultó ser cierto. Un día me desperté y me dije “qué estás haciendo”. No sé si fue porque la palabra “sororidad” y “feminismo” ya sonaban en todos lados o si ver 50 capítulos de Girls a la semana me había tocado de lleno en la nostalgia, pero entendí que le tenía que abrazar a esos fantasmas del pasado. Me tenía que volver a abrazar con esas chicas que había dejado de lado. Supongo que un poco lo mismo nos fue pasando a todes. Crecimos, entendimos el feminismo y su lucha y decidimos dar ese abrazo. Hoy puedo decir que me volví a abrazar con Mar y Lelu, dos amigas que, por distintos motivos, nos habíamos dado la espalda.

No es fácil. A veces empezás con alguna tímida interacción en redes sociales, un mensaje después de haber tomado alguna birra de más hasta que finalmente te abrís. Te abrís y te das cuenta que a la otra le pasaba lo mismo y empezás a sentirte Lindsay Lohan en Juego de gemelas cuando Hallie y Annie se conocen. Después del primer intercambio, respirás. Te das cuenta que del otro lado hay una persona igual que vos, que siente lo mismo y que se arrepiente de toda la mierda que pensó. Sabemos que al final del día nos une lo mismo.

Hacía años que no nos hablábamos com Mar. La leía en redes sociales y no entendía cómo no era mi amiga, cómo no nos juntábamos a tomar una birra y charlar de la vida. Pero un día pasó, porque entendimos que todo lo anterior no valía la pena. “¿Vos también sentís como que estaría re bueno que hablemos?” fue el mensaje que me mandó un día. Y en esa pregunta dijo todo lo que yo hace rato quería decir y no me salía. Sí, siento que estaría re bueno que hablemos. Mar vino a mi cumpleaños de este año y nos tomamos una birra, esa que yo deseaba hace tanto cuando la leía en silencio sin decirle nada.

Con Lelu nos terminó uniendo una denuncia de acoso a un amigo que teníamos en común. Si bien nunca nos peleamos el distanciamiento nos duró bastante y se hizo muy duro. Compartíamos todo. Se había vuelto mi hermana y ahora ya no nos hablábamos.

Hace casi un año decidimos que los fantasmas del pasado tenían que desaparecer y unirnos porque realmente era necesario. Teníamos que unir fuerzas y ganarle a todo lo que alguna vez pensábamos. Hoy volvió a ser una de mis mejores amigas y nos reíamos del pasado porque sabemos que somos mejores que ayer.

Las mujeres no somos complicadas. No estamos constantemente compitiendo entre nosotras. No somos histéricas. No somos lo que por mucho tiempo nos quisieron imponer o lo que las películas nos dicen que somos. Aprendí que somos hermosas. Que ser amigas de chicas es lo mejor del mundo. Que nadie aconseja como nosotras y que sobre todo sólo nosotras entendemos por lo que pasamos.

Nunca fui de tener muchas amigas, pero ahora sí. Y las abrazo todos los días.

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