Las cosas por limpiar: cuando la violencia es transversal

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Por Martina Ruggiano

Un análisis feminista de la serie de Netflix que es furor en redes (cuidado, contiene spoilers)

“Las cosas por limpiar” o “Maid”, es una serie estadounidense de Netflix que se estrenó el pasado 1° de octubre y relata en diez capítulos la historia de Alex, una mujer y madre joven, que decide ponerle fin a una vida de vínculos abusivos y situaciones de violencia al mismo tiempo que intenta darle una mejor calidad de vida a su hija menor. Si bien la serie está pensada como un drama, tiene un dejo tragicómico que sirve para paliar un poco el escenario violento.

¿Por qué se llama “Las cosas por limpiar»? El nombre está asociado al primer trabajo que consigue Alex limpiando casas a cambio de una magra remuneración. Encuentra ahí la única salida para escapar de una situación de violencia que, durante años, la dejó sin posibilidad alguna de estudiar, trabajar o capacitarse por abocarse al cuidado exclusivo de su hija. 

Claramente esto nos muestra lo difícil que es para una mujer tratar de mantener dos trabajos: uno no remunerado que es el cuidado unilateral de su hija y el otro es limpiando casas para poder acceder a un beneficio social y finalmente alquilar un lugar para vivir con su hija.

Lo más atrapante de la serie es, sin dudas, cómo se naturaliza que una mujer sea víctima de múltiples violencias tanto en su vida personal como en el ámbito público. La protagonista intenta salir de un círculo violento, pero vemos que no es tan sencillo cuando las instituciones que deben ampararla no lo hacen.

A lo largo de la serie, Alex intenta sortear distintas situaciones violentas y, para ello, recurre al Estado solicitando que le brinden asistencia económica, ya sea en la búsqueda de un trabajo o en el otorgamiento de un plan social. Esto se ve frustrado ante los impedimentos que le solicita el propio organismo a la hora de otorgar una ayuda estatal. De pronto todo se vuelve aún más difícil, por lo cual se transforma en un típico ejemplo de violencia institucional donde muchas veces se termina volviendo al lugar donde se decidió escapar por no contar con los recursos suficientes. 

La serie nos invita a frenar y reflexionar en varios momentos, por ejemplo, vemos claro que por más voluntad que pueda tener una mujer víctima de violencia, el Estado es un pilar muy importante y un lugar donde hay que trabajar muchísimo la temática y brindar la capacitación necesaria para finalmente dar herramientas y recursos ante una situación de esta índole.

Une al principio se pregunta por qué no recurre a su familia si tienen un espacio para brindarle a ella y a su hija, resulta que la violencia es transversal y no distingue de clases sociales; en este caso, la violencia intrafamiliar la atraviesa hace años y se da cuenta que su familia no es un lugar seguro en el cual pueda refugiarse.

Por otro lado, también se ve con claridad el famoso círculo de la violencia donde las situaciones de abuso van en escala de forma paulatina.
Existe una
etapa de tensión, que se caracteriza por una escalada gradual de los conflictos en la pareja, hay una manifestación inicial de violencia, pero se trata de controlar la situación.
Después la sigue
la etapa de agresión, acá se ve con claridad la violencia, tanto física, psicológica, económica y sexual, entre otras. Se materializa finalmente lo que en la fase inicial no ocurría.
Por último, la
etapa de la conciliación o la famosa “luna de miel”, donde el hombre violento se muestra arrepentido, pide perdón, promete cambiar, muestra distintas formas de convencer a la mujer. Entiendo que esto también puede visualizarse como violencia psicológica donde termina enredando a la mujer en un sinfín de promesas que no van a ser cumplidas, generando que, finalmente, la mujer se arrepienta de realizar una denuncia o de haberse separado por lo cual vuelve a esa situación inicial y todo se repite constantemente en espiral. Muchas veces esta reiteración en el tiempo tiene el peor final para la mujer que padece violencia de género.

Es claro que esta serie viene a revolucionar el mundo de Netflix con una propuesta novedosa y bastante explícita, mostrando sin filtro alguno la violencia patriarcal, transversal y estructural que viven miles de mujeres que intentan salir del famoso círculo de la violencia y que se ven violentadas aún más por un sistema que no está preparado para cubrir estas necesidades ni atender de forma empática y con la responsabilidad que se merece esta problemática que, sin dudas, se incrementa cada vez más.
La serie deja entrever la importancia de generar políticas públicas que eliminen la línea tajante entre lo público y lo privado, entendiendo que la violencia contra las mujeres dejó de ser un tema silenciado (como anteriormente se denominaba “asunto puertas adentro”) para pasar a ser algo político, donde el Estado es totalmente responsable y es un obligado a la hora de resolver cuestiones de género.

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