Día Internacional de la Visibilidad Trans: “Necesitamos tener lugares de contención y que sepan las generaciones siguientes que esto no terminó”

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Por Sasha Bruni

Cuando se configura lo que entendemos como identidad personal, hablamos de un fenómeno muy complejo en el que se encuentran inmersos un cúmulo de factores que van desde las predisposiciones individuales, hasta la adquisición de capacidades  gestadas en el proceso de socialización, pero sin lugar a dudas hay algo clave y exclusivo en la construcción subjetiva de cada une con respecto a su identidad: la propia determinación de su género.


El artículo 2 de la Ley 26.743 de Identidad de Género sancionada en el año 2012 en nuestro país, dice lisa y llanamente que, la identidad de género “es la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la modificación  de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido”. El Estado argentino reconoce el derecho a la identidad de género como un derecho humano que asegura la forma de autopercibirse. Este derecho te permite modificar tu nombre, tu foto y tu sexo en el documento, y si operarte es algo que esté entre las decisiones que quieras tomar, la obra social tiene que cubrir la intervención quirúrgica y los tratamientos. Esta ley sin dudas es un avance para el colectivo travesti-trans, uno de sus saltos más grandes de la década; sin embargo, queda muchísimo recorrido por hacer e interrogantes por despejar.

Este jueves 31 de marzo se cumplen 13 años desde que se instauró el Día de la Visibilidad Trans en todo el mundo, impulsado por Rachel Crandall, cofundadora de la organización transgenero de Michigan. Este día surge frente a la necesidad de tomar consciencia y poder reflexionar acerca de las condiciones de vida de la población travesti-trans,  también como modo de visibilizar las problemáticas que fueron presentándose con el correr de los años, como son el acceso al sistema de salud o al sistema laboral; siendo estos derechos con los que se nace y que durante años fueron invisibilizados por el desconocimiento político que perpetuaron el estigma, la discriminación y la violencia, atentando contra la vulnerabilidad de estos cuerpos a causa de su identidad de género.

Hasta el momento, el Estado ha dado algunas señales en lo que respecta a la comunidad en su agenda política. Durante el primer año en pandemia, se aprobó en Argentina el Decreto 721/20 que impulsa lo que se conoce como cupo laboral travesti-trans, por medio del cual se garantiza la incorporación de al menos 1% de personas del colectivo como empleades estatales, no solo para los órdenes nacionales, esto se replicó en las diferentes provincias y, por medio de ordenanzas, también a nivel municipal para llevar a cabo su cumplimiento. Más tarde, en el año 2021, se publicó formalmente en el Boletín Oficial la Ley 27.636 de Promoción del Acceso al Empleo Formal para personas travestis, transexuales y transgénero “Diana Sacayán – Lohana Berkins”, nombrada en conmemoración a dos de las activistas travestis más pioneras en la lucha por la identidad de género.

Junio y julio del 2021 fueron bastante convulsos, tenía muchas cosas de mi vida que resolver -léase temas facultativos, laborales y vinculares- pero recuerdo el mantener una fluidez en las charlas de WhatsApp con una de mis tías -una chica trans- acerca de los avances que se estaban gestando tanto para ella como para su colectivo ya que, tarde o temprano, había temas que también iban a llegar a su pueblo transformando así la realidad de todas las corporalidades trans habitantes. Seguir de cerca el proyecto y la sanción fue algo que también compartí mucho con mis amigues, ya sea porque era algo en lo que se veían implicades en primera persona o porque les tocaba de cerca. Teníamos un grupo en donde nos íbamos compartiendo contenido que nos interesaba y fue ahí donde apareció por primera vez el documento que publicó Infoleg. Leer el primer articulo y repasarlo fue iconico: “La presente ley tiene por objeto establecer medidas de acción positiva orientadas a lograr la efectiva inclusión laboral de las personas travestis, transexuales y transgénero, con el fin de promover la igualdad real de oportunidades en todo el territorio de la República Argentina”. De pronto, después de años de una lucha incansable por parte de activistas y colectivos, invisibilizada un centenar de veces por la falta de aplicación de políticas públicas correspondientes, un cúmulo de personas podía comenzar a vivenciar el principio de una reparación histórica. Sabemos que las leyes no son una solución que se lea como definitiva a las problemáticas que vienen siendo marginadas hace años, sino el comienzo de una leve mejoría con respecto a la calidad de vida de les sobrevivientes, adolescentes y niñes que habitan la disidencia.

Desde Beba entrevistamos a una activista trans de Capitán Sarmiento, pueblo de 14.000 habitantes ubicado en la provincia de Buenos Aires, para que nos cuente sobre su vida y el desarrollo de su identidad. Por seguridad, nuestra entrevistada prefirió conservar el anonimato.

¿Cómo fue crecer en un pueblo tan conservador siendo una chica trans?

M: Como toda chica trans los inicios fueron difíciles, muy dolorosos. La discriminacion, la exclusión, lo que uno padece desde muy chica con la exclusión, los abusos, la no aceptación… Yo empecé a vestirme de mujer a los 14, 15 años a escondidas. Solía ir a una plaza a vestirme. Dejaba la ropa que me sacaba escondida en una planta, salía, volvía al mismo lugar, me volvía a cambiar y volvía a casa. Siempre escondiéndome, muchas veces de los policías, porque en su momento sufrí persecución. He llegado a estar detenida una noche simplemente porque se les ocurrió… Difícil. Mi niñez también, en mi familia el ambiente no fue propicio, la violencia fue desde el desconocimiento o lo conservadores que eran, desde la ignorancia o el “qué dirán” por como fue siempre el pueblo o la gente del pueblo en la que uno vive.  Pasé por muchos estadíos, en mi placard escondía la ropa interior para que no me la vieran, escondía todo para que nadie supiera. Esconderme de mi papá, esconder mis uñas, esconder porque se preguntaba mucho “¿por qué tené esto?” “¿por qué haces esto otro?”. Difícil.

La discriminación desde temprana edad en el colegio, ydespués de terminar el colegio, en la calle… La gente del pueblo es así. Abusos, abusos en todo sentido porque he sufrido de todo tipo de abusos como bien dice la palabra. Abuso sexual, porque en su momento sí, lo padecí, más alla de que una de esas cosas, siendo disidente, no habla. Pero sí, lo padecí, sí.
Viví mucho tiempo excluida porque primero muchas veces la familia es la primera que te suelta la mano, o la que ejecuta la mirada o el dedo acusador, y después la sociedad misma te da la espalda. Hice mucho tiempo la calle, desde mis 18 años hasta mis treinta y largos por un tema de marginación, la sociedad te encasilla y no te quedan demasiadas opciones para sobrevivir más que la prostitucion.  Más allá de que yo trabajé desde mis 13 años en el rubro textil donde me manejé siempre, era un trabajo esclavo, mal pago, donde siempre se me aprovechó y por eso siempre me vi obligada a tener que usar la calle como un segundo trabajo para poder llegar.

Hace unos doce años, más o menos, para un cumpleaños yo le dije a mi papá en el patio de mi casa que no quería ir porque en realidad quería vestirme como yo quería, no como me decían, quería vestirme de mujer; ahí él me dijo que sí, que yo tenía que ir como me sintiera cómoda. De eso me acuerdo. Recién pasado eso pude abrirme un poco más, aunque considero que todos los días son una lucha personal. Día a día. Todos los días me levanto a luchar y para salir adelante, porque es mi filosofía para cada día. Lucho por mi y por mi gente, pero también es triste, vos ves cómo la gente te excluye del mismo sistema. Trabajar y querer estar mejor es algo que pienso todos los días. Acá (en mi pueblo) es muy difícil la unión o la hermandad entre las que somos de acá, por una cosa u otra, pero eso no implica que deje de luchar por mi y por mi gente. Todo día que comienza es un día para salir a pelearla. Hoy quizás veo y siento como un respeto, un trato como a una persona más, si bien que siempre debería haber sido asi, pero recién hace un tiempo corto que siento que se me trata como a una persona y no como “la o el puto, travesti”. Pero no me olvido que es un pueblo, el dedo acusador, la risa y la burla están siempre, quizás menos que antes pero están.

Como cualquier persona siempre soñé con tener a alguien al lado, alguien que me apoye y me incentive, y nunca llegó. La lucha siempre fue sola.  Elegí y celebro lo que soy, soy feliz desde el día que lo elegí, a pesar de todo lo que me haya pasado, mi felicidad fue haberme elegido y sé que mi historia es la historia de muchas. Sé que es difícil. El levantarse todos los días realmente comprende una lucha. 

¿Cómo se vivió en tu pueblo la aplicación del cupo laboral?

M: Acá fue mediante el impulso de un compañero. En realidad por un problema que tuvo un compañero del colectivo, se pidió ayuda al municipio en un momento cercano a las elecciones para la intendencia y no se nos ayudó. Se nos prometieron cosas que no llegaron en ese momento. Una chica que era concejal de un partido nos ayudó a crear un proyecto para presentar porque justamente estaba cerca del cierre de sesiones, entonces nos ayudaron a armar el proyecto, siguiendo pendientes esas reuniones en el municipio que nunca se nos dieron… Después por medios radiales del pueblo y de un canal de televisión se nos hicieron varias notas al respecto. El día del cierre de sesiones, donde se entregaban todos los proyectos, se entregó el del cupo laboral y como es siempre especulación, ven de qué lado estás, a nosotros nos había ayudado el partido contrario al que ganó, entonces nos citamos un par de compañeras en la puerta de la municipalidad para hacer fuerza obviamente para la implementación; este partido (el que ganó) nos pidió el favor de hacer una foto con ellos y su bandera. En el pensar “en me das/te doy”, accedimos y automáticamente lo subieron a las redes sociales, y de pronto lo pospusieron, no quisieron, no se adhirieron. Lo hicieron después en febrero, recién ahí se adhirieron. Falta lucha y faltan propuestas, somos muy pocas. Falta tener proyectos y empezar a trabajar en conjunto, más unidas. Tener lugares de contención y que sepan las generaciones siguientes donde dirigirse en el caso de necesitarlo, porque sabemos que esto no termina acá.

¿De qué hablamos cuando exigimos reparación para todas las personas del colectivo?

M:  Cuando hablamos de reparación histórica para el colectivo, hablamos de exigir los derechos por los que hace años peleamos y aún se nos adeudan. Yo lo que quiero es la igualdad de condiciones, para mi y para todes, que es algo que no está pasando en ningún lado. Quiero que se nos deje vivir y a la vez que se nos deje de perseguir. Poder caminar por la calle tranquila y que no por ser trans o travesti, o como quieras llamarle, tengamos que seguir habitando en las márgenes como si no fuéramos personas para estar en los lugares en los que están aquellos a los que llaman gente normal. Quiero igualdad.

Tanto el proyecto de ley integral travesti-trans como la ya vigente ley de cupo laboral travesti-trans responden a una deuda histórica con el colectivo a causa de las deficientes políticas públicas que no incluyen ni garantizan los derechos necesarios para el cumplimiento del normal desarrollo de cada ciudadane travesti-trans, ya que la mayoría de la comunidad se ve en la imposibilidad de poder finalizar estudios, tanto primarios como secundarios, acceder a una vivienda digna y también a un trabajo formal. La desigualdad estructural es algo con lo que se viene lidiando desde hace años producto de la persecución y criminalización de las identidades. Aún hoy las personas travestis y trans de todas partes de nuestro país son perseguidas, hostigadas y detenidas en cárceles y comisarías. La pelea que se da contra la represión de las fuerzas de seguridad tiene historial y continúa vigente pese al paso del tiempo. Como necesidad urgente, tenemos la tarea de seguir peleando contra la policía y las instituciones que perpetúen la constante opresión para cumplir con lo que a les compañeres se les adeuda: la reparación histórica. 

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