Dillom: por qué te amo, te odio, dame más

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Por Iara Mossayebeh
Fotografía: @____.matias y @mica.garate

Te amo

Cuando me rescato estoy en un pogo donde la gente se empuja y está a los codazos. Me abrí paso a los golpes y estoy a metros del escenario. La intro de una canción suena con voces de nenxs pidiendo ayuda. De un momento a otro el cantante lanza un “cadáver” al público y todas las personas a mi alrededor, incluida yo, saltamos en vano para tratar de alcanzarlo. No es real, obvio. Se trata de unas bolsas de residuos rellenas con papel y cinta que simulan tener una persona en su interior. Dillom arenga para manijearnos y funciona. Rompe el beat, arranca el tema y de pronto, me encuentro cantando a los gritos hasta quedarme sin aire, esta letra: Mis amigos están muertos, sin querer los maté”.

Esta mezcla de horror, sorpresa e irreverencia es una característica de la puesta en escena del trapero que agotó en pocos minutos, 4 teatros Vorterix enteros, que no fueron la excepción. La propuesta estética del evento fue en torno fingir su propio funeral. En la entrada te esperaba un coche fúnebre y tras la puerta principal fotos de la infancia, rosas y velas. Te recibían unos seres espeluznantes, vestidos de negro y con maquillaje que simulaba el llanto. Te clavaban fijo la mirada provocando una gran incomodidad.

Entre los golpes de la gente me detengo a pensar: ¿Qué hago yo cantando esto tan despreocupadamente? Es un tema que habla literalmente sobre amigos muertos. No se parece nada al rock suave o el pop divertido que escuché toda la vida, es más bien un trap oscuro y pesado. 

Era 1 de diciembre de 2021 y vi en Twitter que salía el disco de Dillom ese día. Entro a Spotify con curiosidad y la tapa me llamó la atención desde el principio, no se parece a ningún otro diseño de esos que están de moda. Esta tapa es un cuadro donde él está pintado entre personajes un poco tétricos (como un fantasma colgado ahorcándose y una persona disfrazada de esqueleto). La escena se sitúa en un prado verde y me surge un interrogante: ¿representa el paraíso? ¿O el infierno? De alguna forma que me descoloca me convertí en fan del disco Post Mortem. 

Todos son temas de trap. ¿Cuál te llama más la atención?

Del repertorio del artista solo conocía el tema Opa, seguramente de las redes. Si, el que dice: “Mis opps son medio opa, los fumo con falopa”. La melodía era graciosa, me llamaba la atención, y mi consumo no pasaba de lo irónico. El primer incentivo que me llevó a prestarle atención fue cuando salió “Opa – Kids Friendly Version”. Es el mismo tema pero en vez de decir barbaridades, incentiva a les pibites a ir al colegio y a hacer la tarea. Le armó el alter ego porque se salvó de un escándalo nacional: una nena que no pasa los 12 años cantó el estribillo en vivo en Tv Pública. 

JAJSJSJSJAJAJS DONDE VIERON QUE UNA NENA DE 10 AÑOS CANTE LO FUMO CON FALOPA EN TELEVISION PUBLICA Y NO SEA UN ESCANDALO LOCURA TOTAL https://t.co/RorcMrC0x5

— EL PERRO POST MORTEM PERKINS ➐ (@dillom666) October 11, 2021

Nunca escuché a alguien hacer algo así, una reflexión y a la vez una sátira sobre su propia letra. Dillom levanta la mano, se hace cargo y responde más rescatado. Sostiene la irreverencia e igual no se arrepiente. “Lo tomo con la sopa y también en el colegio yo me saco buenas notas”. La sensación en todo momento es este meme:

Ahora si, sumergiéndome en el disco, disfruto mucho de “La Primera”, no se parece en nada al trap trash y humorístico que pude haber escuchado anteriormente, sino más bien a una balada para el corazón roto. Con “Hegemónica” me paro a perrear y  flasheo colores cuando el tema transiciona a “Pelotuda”. Se me abren los ojos grandes porque nunca escuché una palabra así, tan guasa y tan nuestra en una canción. Mención especial a este verso que te deja pensando: “Yo no tengo sueños, tengo planes”. Inmediatamente arrastro esas canciones a mi playlist de todos los días y también me llevo “Bicicleta”, la locamente pegadiza “Rocket Powers”, que es el feature con su colega de la Rip Gang Sara Malacara, y 220, que es su tema favorito. Hay de todo: trap, pop, thrash, punk, bounce y cumbia.

el audio oficial de 220 llego a un millon en yt, es una cancion a la ke le tengo mucho cariño asi k me alegro q les haya gustado tanto https://t.co/NOqrNcybvm

— EL PERRO POST MORTEM PERKINS ➐ (@dillom666) April 20, 2022

Más de una vez escuché decir que la obra de un artista podía ser “confesional” y nunca supe de forma tan clara a qué se referían con el término hasta que escuché Post Mortem. Dillom cuenta cosas muy oscuras de su vida con supremo humor, cosas que después se amplían en sus entrevistas. Caja Negra de Julio Levia y Pelotuda son dos instancias que incluyen el mismo relato: “Mi mamá tomando merca, todo enfrente de mi cara y mi viejo después de eso me echó fuera de la casa”. Da cuenta de esa infancia compleja que hoy lo inspira en su obra. Sin ningún eufemismo. 

“Cuando tomo alcohol siento que lo que hago no está tan mal” y “ahora la droga es gratis, como cuando me robaba pastis del cajón”. Tuki. Dos estribillos distintos que hablan de consumo problemático de sustancias. 

El caso que ilustra bien su historia es el allanamiento: “Mi mamá quedó pegada a un caso por unas malas juntas cuando yo tenía 15 años. Para mi fue un gran trauma ver cómo la policía se la llevó esposada”, recuerda en Caja Negra. Luego de tal suceso se va a vivir con el padre, que había formado otra familia. Al tiempo, este se convirtió al judaísmo ortodoxo y lo echó de la casa; desde ese momento hasta hoy, se quedó a vivir con un amigo. Siempre en el relato prevalece la presencia de la música como salvavidas y el hecho de empezar a “pegarla”, como elemento de ascenso de clase. En SIDE está presente:  “Cuando era chico soñaba con escenario, mientras mi mamá vendía ropa en Centenario”.

Empezar a ganar plata, cambiar de lugar en la escala social y la fama envuelta en el despilfarro y el desconche también son trending topics del disco. Cuando se pasa del típico “show off” de trapero, vuelve: “Soy un boludo con plata, antes dormía entre las ratas. Buscaba roña con gente que si me agarra me mata”, dice Piso 13. 

La transparencia de los sentimientos que recorren el disco provocan una sensación de cercanía que no se parece a lo que están haciendo otros artistas del momento, como el reggaetón más comercial de Duki, o la distancia críptica y lo exótico de Catriel y Paco Amoroso. 

Tomás Rebord lo pone en palabras en su entrevista “El Método” cuando conceptualiza: “Vos no sos de esos artistas que se encierran en una torre de marfil a componer y le bajan al pueblo el arte en estado puro”.  Sin ir más lejos, y por decir un ejemplo, Wos desaparece unos meses al año en una cabaña en la Patagonia para componer sus discos. Se produce un cerco entre estos artistas del momento donde solo muestran lo genial de su vida, de sus mansiones y sus ranchos, conformados por otres mega famoses aunque tengan orígenes parecidos. 

Pienso que así es difícil poder generar un sentimiento de identificación en un país con una desigualdad de clase como la que tenemos en Argentina. No me malentiendan, me encanta la música urbana que hacen y que la rompan en todo el continente, pero las redes sin CM de Dillom me hacen estallar de risa y por sobretodo, sentir que estoy leyendo a un amigo. 

se acabo me canse de la libertad de expresion 😡

— EL PERRO POST MORTEM PERKINS ➐ (@dillom666) February 1, 2022

 

Te odio

Ante la pregunta de Infobae de ¿no extrañás que te tiren beef?, Dillom responde: “Sí, yo lo extraño un poco. Ahora ninguno me bardea, todos me tiran la buena. Extraño que venga alguno y me diga: Eh, vos, pelotudo”. Me vino al pelo para desplegar mi momento ortiva.

Los feminismos, los movimientos de derechos humanos y la comunidad LGBTIQ+ me dejaron una serie de valores intransigentes que me activan alarmas de rechazo cuando algo se corre virulentamente de ellos. No comulgo con ciertas ideas que aparecen en las canciones como por ejemplo el alardeo sobre “soy re capo porque cojo con un montón de minas (putas)”, que aparece recurrentemente en el repertorio de Dillom (y de todos los artistas del género urbano). El cuestionamiento a las masculinidades hegemónicas dejó enseñanzas claves para apropiarse y recordarnos que objetivizar a las mujeres no te hace más piola.

Supongo que es su forma de joder y que hay un disfrute en forzar límites, pero yo realmente no entiendo qué le suma. Artistas mega masivos como Bad Bunny demostraron que se puede hacer perreo sin ser un asco con las minas. Sin ir necesariamente de un canto al empoderamiento femenino como lo intenta ser “Yo Perreo Sola”, el puertoriqueño incluye constantemente a las mujeres en sus letras pero resaltando cuestiones como el consentimiento, el deseo mutuo y el respeto. 

Mención especial de disgusto para esta línea que está en SIDE: “Si es +18, lo cojo y sin forro”. Perdón por esta bajada de linea pero, por favor: relaciones sexuales con preservativo que es el único método que te protege de los embarazos y de las infecciones de transmisión sexual.

Dame más

Muchas veces me crucé en la vida con personas que tienen el objetivo de separar lo que es el arte “bueno y definitivamente malo”. No tengo una relación con la música típica del melómano (uso el masculino adrede porque creo que me he cruzado en su mayoría con varones) que sabe un montón de teoría y cree que tiene la varita mágica de discernir entre lo escuchable y la basura. Existe en este colectivo de pines que se creen “los poseedores de la verdad” quienes viven toda la vida cambiando entre 3 vinilos: el de  Pink Floyd, el de Charly García y alguno de los Beatles. En otro en momento de mi vida se han arreglado para, mediante cometarios hostiles y sobradores, hacerme sentir culpable por disfrutar un buen tema de cachengue. 

A Dillom le pido más de esto porque cuando salió Post Mortem, pude poner en palabras que mi relación con la música es desde el goce. Me permití disfrutar con libertad a un artista que presenta su disco simulando su propio funeral, que coquetea con refes del género terror (aunque no vi una película de terror en mi vida), que roza constantemente con el trash, con lo bizarro y con conceptos que están al borde de lo que soy capaz de tolerar. Así, puedo habitar en paz un lugar en el que de nuevo estoy cantando “mis amigos están muertos, sin querer los maté” cagándome de risa, abrazada al de al lado sin vergüenza. 

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