El amor propio es una trampa

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Por Cinthia Giselle Dalama
Foto: Nadia Bautista

El amor propio es una trampa. El amor no es de nadie, en realidad. Pero si así fuera, es una decisión hacerlo propio. No es que sentimos un combo cerrado y completo. No es que un día me levanté, sentí amor propio y se acabó todo, ya lo logré, listo, una prueba menos.

Sentir amor, por lo menos en mi experiencia, es sentirse liviane, tener la posibilidad de elegir de forma genuina lo que mejor nos hace, es poder tomar decisiones, es sentirnos un poquito más en paz con nosotres. Como dice Lu Gaitán: “El amor se construye y florece con los acuerdos que hagamos, con el diálogo, con respeto y con espacio para que el otro sea. Y une, por supuesto”.

Obvio que es difícil, ¿qué no es complejo en materia de sentimientos en el siglo XXI? Reconocer que no sentimos amor por nosotres mismes es un gran paso. El tema es que, si un día decidimos comprometernos a hacerlo, hay una narrativa que nos seduce de forma tal que terminamos comprandola. Esa narrativa incluye pasos a seguir, se convierte en una gran burocracia y es peligrosa, porque nos encontramos queriendo repetir las fórmulas de otres y esos otres nos quieren convencer con tips y espejitos de colores de que el amor propio es de una manera que a elles les funcionó.

No deja de preocuparme mucho esta oleada. Todas las experiencias están narradas en un contexto donde los demás no existen y donde une es responsable de lo que piensa y siente sobre si mismo: como si fuera algo que sí o sí es sólo nuestra responsabilidad. Como si un día ya está, nos despertamos de un sueño profundo, nos vimos y nos sentimos flechados por nosotres mismes y de ahí empieza una relación nueva. Mi relación conmigo misma siempre existió y estuvo. Está acá. No es que estoy aislada, convivo desde que tengo uso de razón. Les que estuvimos en relaciones tóxicas sabemos que es muy complicado cambiar y revertir un patrón: diría que para hacer ese cambio, en realidad, deberíamos configurar otras cosas.

Es un proceso larguísimo de entender: hay una maquinaria gigante que nos dice que tenemos que ser distintes a lo que realmente somos. Haber estado tantos años expuesta, hizo que me cueste aceptarme, y que incluso en mis mejores días aún tenga dudas sobre mí.

No sé en qué parte se empezó por nuestro cuerpo, con el aspecto. Porque pareciera que lo único digno de amor es lo que le mostramos a los demás de primera. Me preocupa y me parece peligroso hablar sólo de eso cuando hablamos de amor propio. Parece que si aceptamos nuestra forma física y nuestra corporalidad, entonces nos amamos, y podemos estar en paz. El amor propio debería ser también levantarte de una reunión cuando están hablando de algo que te hace mal o irte del grupo de Whatsapp donde hay situaciones que amenazan tu estabilidad emocional. El amor propio es preservarse, es saber que sos vos quien mejor se sabe cuidar.

¿Alguna vez se preguntaron por qué la chica inteligente en las películas tiene que hacerse un make over para que el chico le de bola? Les spoileo la respuesta: porque podés ser le mejor en todo, pero si no respondes a una belleza hegemónica, que pueda ser valorada por otres, nada importa, ya perdiste, perdiste de ser considerade importante. Debemos deshacernos de ese pensamiento neoliberal de tapar con curitas. Reparémonos entre nosotres, y advirtámonos con la experiencia, con datos y mostrándole a las nuevas generaciones que hay cosas más importantes que nuestro cuerpo y la relación romántica con nosotres mismes.

Creo que lo peor que me pasó fue perderme, y lo mejor fue encontrarme. No porque me ame profundamente, sino porque me tengo y soy mi sostén ahora. No dejaré de decir que los pequeños logros son suficientes, pues creo que mientras más conforme me he sentido conmigo misma, más ideas tuve para seguirme arreglando. Así alimenté, durante muchos años, la idea de que me faltaba algo, de que no estaba completa y la perfección era el objetivo a alcanzar. No importaba bien cómo, ni cuánto tiempo, ahí había que llegar. Y ahí me di cuenta que el amor tenía que ser otra cosa u algo más que un todo completo y sin errores.

Supongo que para amar hoy en día, contra todo pronóstico, hay que tener fe. De que hay algo más que sentir, que de alguna u otra forma va a llegar. Hay que creer en uno misme, y en la creencia hay mucho poder. Tal vez, ahí tenemos que llegar primero.

 

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