¿Himen sos vos?

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Por Martina Freier
Foto: Miss Complejo

Desde que soy muy chica tengo metida en la cabeza la idea de que el himen es el regulador de nuestra virginidad, en mi adolescencia solíamos decir “ya no tiene himen” cuando alguna había iniciado su actividad sexual o “uff, que me rompa el himen” cuando había un sujeto descomunalmente hermoso. Obviamente siempre desde un lugar patriarcal y heteronormativo.

Voy a contar dos datos para entender hace cuanto arrastramos esta creencia. El primero es de hace 3000 años: la palabra himen proviene de Himeneo, el dios griego de las ceremonias matrimoniales, quien debía acudir a todas las bodas celebradas, y si no se presenciaba, el matrimonio no sería bueno y ambos estarían condenados a ser infelices por siempre. Por otro lado, uno actual: la Real Academia Española sostiene que himen, procedente del latín hymen y del griego ὑμήν hymḗn, es el “repliegue membranoso que reduce el orificio externo de la vagina mientras conserva su integridad”.

Lo más cercano a ESI que tuve fue una charla en la que, solo a las mujeres, nos explicaban el ciclo menstrual. De este momento tengo un recuerdo imborrable en mi cabeza: una preceptora del colegio haciendo con los dedos un gesto como de algo viscoso y decir “cuando estamos ovulando el flujo es más denso y tiene color vida”. Sí señorxs, lo dijo. COLOR VIDA. V – I – D – A. Esta anécdota creo que deja bastante claro qué círculo me educó y bajo qué “valores” o mejor dicho, ordenamientos.

Nuestra virginidad era lo que debíamos proteger. Más de una vez en esos años me han hablando de llegar al casamiento sin haber tenido relaciones sexuales. Esto continúa existiendo. Pero esta gente no se enteró -o si y prefiere no difundirlo- de que no existe definición médica para virginidad, NO es un estado y NO es una condición médica. No existe forma de probar si una mujer ya tuvo algún tipo de relación sexual o no.

El himen, esa membrana que supuestamente se rompe cuando una es penetrada — porque obvio, hasta nuestra iniciación sexual debe depender de un hombre y su miembro -, puede no existir, no romperse, haberse roto en actividades no de índole sexual y hasta regenerarse. Es una membrana que se desarrolla durante la gestación, pero a medida que crecemos se va retrayendo. Ni siquiera está establecida su función biológica, aunque algunos estudios apuntan que podría ser como una “barrera protectora” frente a la materia fecal en los primeros meses de vida.

¿Cuántas veces leí en libros o escuché en historias sobre la sábana manchada de rojo sangre después de la noche de bodas? Que la mujer en su primera actividad sexual con penetración DEBE sangrar y que esto debe doler, no es más que una parte de todo lo construido en torno a nuestra sexualidad para controlarla. Es real que muchas sangramos y sufrimos dolor, pero esto se debe a que hoy la iniciación sexual suele ser durante la adolescencia, donde el himen puede ser un espeso o simplemente la situación de estrés, la inexperiencia, la falta de lubricación o todas juntas pueden generar algún desgarro interno.

Nadie nos regaló nada nunca, todo lo que tenemos es gracias a muchísimas que pusieron la cara, la mente y el cuerpo en cambiar las cosas para las futuras generaciones. Somos varias las que ya no debemos manchar sábanas, pero esto no quiere decir que nuestra virginidad o nuestra primera relación sexual sea algo fácil y sin presión o que nuestra vida sexual no siga en la mira y no sea cuestionada. Yo, como la gran mayoría, no tuve la oportunidad de que alguien me explique este tipo de cosas antes de iniciarme sexualmente y mi camino no fue nada fácil, pero aún así soy una afortunada porque hoy estoy escribiendo sobre esto. Hay muchas personas en distintos sectores y lugares a quienes este tipo de información no les llega, o peor aún, no dejan que les llegue. Necesitamos educación sexual integral en todos los rincones y necesitamos que estos temas se hablen, se publiquen y se difundan. Nos necesitamos entre nosotres, como hermanes, amigues y compañeres. Estas construcciones no caerán solas, pero si de algo estoy segura, es que el disfrute es un derecho y que juntes vamos por buen camino.

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