Sin independencia económica no hay autonomía posible

Por Josela Aramburu
Ilustración: Camil Camarero

Una hoja de ruta para no perderse a la hora “hacer algo” con nuestros ahorros (por más pequeños que sean)

A esta altura nadie puede desconocer que el colectivo de mujeres, lesbianas y trans lidia “día a día” contra los mandatos patriarcales. La cadena de desigualdades es enorme y abarca desde estereotipo de belleza hasta el asesinato por la condición de género (femicidio). Así se grafica un inmenso iceberg donde se dibujan formas culturales que están debajo del agua, siendo invisibles y muy sutiles para la gran mayoría de la población. Pueden ser los micromachismos, el lenguaje y la publicidad sexista y, en la cima, se visibilizan las formas más explícitas: violación, abusos, asesinatos. 

Como contracara a las violencias que se ejercen sobre los cuerpos feminizados, existe la lucha organizada del movimiento amplio y heterogéneo del feminismo o, como se discute por estos tiempos, “los feminismos”. Gracias a diversas batallas libradas (algunas victoriosas y otras derrotadas) se construyeron los cimientos de este gran colectivo colmado de experiencia. Así, con avances y retrocesos, se busca una equidad de oportunidades en los ámbitos políticos, económicos y sociales.

En este sentido, deconstruir el mundo económico es urgente. Pensar la independencia económica abre un abanico de problemas y obstáculos que atraviesan estos colectivos. Según un documento elaborado por la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género dependiente del Ministerio de Economía de la Nación, la tasa promedio de la participación de las mujeres en el mercado laboral es de 49,2%, 21 puntos porcentuales más baja que la de los varones (71,2%). Además las mujeres sufren los mayores niveles de precarización laboral y desempleo: en promedio ganan un 29% menos que sus pares varones. Por último, lo que sucede en el mercado laboral con las personas travestis y trans permanece oculto a los ojos del Estado y el mercado; los últimos datos son del 2012. Sobre una muestra poblacional de 209 personas, el 80% tiene trabajos precarios y ejerce el trabajo sexual. 

Estos flagelos solo subrayan una gran deuda: sin independencia económica no hay autonomía posible. No se logra una vida digna si no se cuenta con el material necesario para solventarla. Históricamente el mundo de la producción estuvo vinculado a los hombres, y negado a las mujeres como una forma más de sometimiento. Pero esto está cambiando y cada vez son más las sujetas feminizadas que son CEO’s, Primeras Ministras, personas que deciden emprender y formalizar su propia Pyme, o aquelles que simplemente llevan adelante las decisiones monetarias de su familia. La habilidad e inteligencia de las mujeres para sobreponerse y salir adelante son brillantes.

Invertir en nuestro presente

Toda esta introducción viene a colación para pensar y repensar el mundo de las finanzas y su enlace con la anhelada independencia económica. Para empezar quisiera hacer dos aclaraciones a les lectores: 1) esto es una nota de opinión con el objetivo de insertar el bichito de la curiosidad sobre inversiones; 2) esta nota no busca asesorar financieramente, esto es muy personal ya que cada une tiene un perfil diferente con objetivos a corto, mediano y largo plazo, lo mejor para esto será consultar con profesionales; hay muchísimas mujeres que llevan adelante este trabajo. 

¿Por dónde comenzar?

Como puntapié hay que pensar el objetivo de nuestra inversión, si es para pagar una deuda o más bien cumplir un sueño. También hay que considerar el tiempo que se necesita para realizar ese fin, esto sirve como golpe de realidad para evitar frustraciones. No es lo mismo querer emprender tu propio negocio, que invertir con el motivo de vacacionar en los próximos meses, querer comprarte una casa en cinco años, o pagar deudas y ordenar tus gastos para estar al día. Una vez decididas la o las intenciones hay que ordenar tus ingresos: esto es muy simple pero hay que ser constante. En un cuaderno o en un excel anotá ingresos, sea salario, ventas, herencias y también egresos, gastos, servicios, consumos. Esta es la mejor manera de conocer tu dinero, y así confeccionar un plan de inversión. Luego hay que saber que, como cualquier apuesta, hay riesgos, estos pueden ser de pérdida o de ganancia. Por último y no menos importante, no es necesario ser millonarie: se puede empezar con $100, $500, o $1000, la cantidad de dinero disponible para invertir determinará el tiempo necesario para obtener las ganancias.

¿Cómo ahorrar?

Las medidas para ahorrar están relacionadas con lo dicho anteriormente. Una vez que sepas en qué gastás tu dinero vas a poder pensar en el ahorro. Dato de color: hay que prestar atención a los llamados gastos hormiga:  aquellos que pasan desapercibidos de nuestra billetera, suelen ser de bajos costos e innecesarios como ser el café de la mañana, o el chocolate de postre, esos pequeños consumos se llevan todos tus ahorros.

¿Dónde invertir?

Vamos de lleno a pensar las alternativas sobre cómo rentabilizar los ahorros, veamos cuatro alternativas diversas:

PLAZO FIJO: La primera forma y la más conocida son los plazos fijos. Los otorgan los bancos y solo necesitas tener una cuenta y habilitar el home banking. Elegís el tiempo que querés dejar el dinero invertido: puede ir desde 30 días a 360 días. una vez cumplido el plazo tu dinero va a tener una rentabilidad extra en función de la tasa de interés que ofrezca el banco. En estos momentos la oferta no es muy rentable porque está por debajo de la inflación.

FONDOS COMUNES DE INVERSIÓN: Los FCI son instituciones colectivas donde los aportes de muchas personas es administrada y distribuida en diversas carteras de inversiones. Se puede realizar a través de los bancos y otras entidades de servicios financieros. A diferencia de los plazos fijos, estos tienen rescates (retiro del dinero) en el momento en 24 y 48 horas. Son muy útiles para colocar aquel dinero que sabés que vas a usar en gastos esenciales. Supongamos un ejemplo con un rescate de 24 horas: todos los 15 de cada mes pagas el alquiler, por lo tanto colocás ese dinero del día 1 al 13, el día 14 haces el retiro y al otro día ya tenés tu plata con una suma extra por ponerlo a trabajar esos días. Tan simple como eso. Lógico el porcentaje de rentabilidad no es gran cosa, pero el riesgo a perder es bajísimo. 

CRIPTOACTIVOS: El mundo de los criptoactivos se merece una nota exclusiva, la temática está en boga de todes y sin dudas desde el 2008 las criptomonedas y su héroe el Bitcoin vinieron para transformar el modo de producción capitalista. Ahora bien para obtener bitcoins solo necesitás crear un usuario y una cuenta en una billetera virtual, acá en Argentina hay varias. Desde la wallet, podés transferir dinero de tu cuenta bancaria y luego comprar las criptomonedas. Es una gran alternativa para ahorrar y ganarle a la inflación. Es cierto que es un mundo muy volátil, el precio de la moneda digital baja y sube constantemente, mucho más rápido que el dólar en argentina (les juro). Como decimos con un grupo de colegas, no es apto para cardiacos. Si vas a probar con criptomonedas comenzá con poco dinero, conocé cómo se maneja el mundo y abróchate el cinturón. Desde mi experiencia lo que puedo decir es que es una excelente herramienta como inversión a largo plazo.

CEADERs: ¿Alguna vez imaginaste tener tus acciones en diferentes empresas del mundo? Bueno esto es posible a través de los CEDEARs: certificados de depósitos argentinos. Si bien es para un nivel “más avanzado”, no es difícil. El único requisito es tener una cuenta comitente, que es el medio para operar en la bolsa. La podés crear en tu banco de confianza o en alguna compañía financiera. Son trámites fáciles y los requisitos pueden variar, pero seguramente pidan DNI, constancia de CUIT/CUIL y servicio/impuesto a tu nombre. Una vez abierta la cuenta ya podés empezar a operar comprando las acciones que quieras: vas a encontrar proyectos como Apple, Disney, Netflix, YPF, y algunos más pequeños, pero con mucha potencialidad en el futuro.

Es obligación seguir pensando cómo podemos vincular nuestras inversiones a fines feministas, ambientalistas, nacionales, que creen ganancias contribuyendo un planeta mejor. Hoy en día existen proyectos para invertir en energías renovables, en plantaciones de marihuana, incluso existen fondos comunes de inversión liderado por mujeres que buscan la equidad. Es innegable el control de las grandes empresas de tecnología como Google, Facebook o Microsoft sobre nosotres, pero también es esperanzador pensar el uso de estas herramientas para construir un futuro sustentable. El poder lo tenemos nosotres. Ya no se trata de invertir para obtener un mejor pasar, queremos hacer la diferencia construyendo un futuro diferente y para eso hay que involucrarse por completo.

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