Inocente, pero no tanto

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Por Vera Buendía
Foto: Zepeque

A Penny la conocí una tarde del 2016. Me acuerdo perfecto de ese día, era el fin de semana del Encuentro Nacional de Mujeres y yo venía de curar mi primera exhibición “Un cuarto propio”, con obras de artistas mujeres y disidencias. Llegué a la fecha de Dinámica, festival de lo nuevo, coordinado por Claudio Kobelt. Presenté mis poemas y ella mostró unos cuadros que parecían retazos de su diario íntimo. Me gustó mucho lo que hacía, la agregué a Facebook enseguida y después conversamos. Al poco tiempo, escuché su música y la invité a tocar en un evento en el 2017. Ese mismo año, una amiga se fue a vivir con ella y nos empezamos a ver seguido. De alguna forma, Penny se fue transformando en algo más que una colega: se convirtió en una amiga.

Pues bien, les presento a Penny Peligro. Ella tiene 24 años y está por recibirse de Diseño de Indumentaria en la UBA. Escribe y compone sus propias canciones, sabe coser, bordar y armar flyers preciosos. Le gusta escuchar boleros y merendar té con budín. Puede encontrar prendas increíbles a precios irrisorios y es fanática de los memes.

Desde hace cuatro años viene trabajando en su proyecto musical. Al comienzo era ella solista y en la actualidad su banda está conformada por Emilyann Stein McKelvey (teclados y coros), Matías Figueredo (guitarra y efectos), Juan Manuel Robles (batería) y Penny en la guitarra y voz principal.

El año pasado salió su primer álbum: Selfies desde el patrullero, editado por BPM discos. Escuchar este material es adentrarse en el universo del pop irreverente, que juega a ser inocente pero no tanto, donde Penny navega sin dificultad alguna. Las letras remiten a momentos cotidianos como ver a viejas en la plaza, una colección de moretones, pasar tiempo con la familia. A la vez, se conjugan elementos de amor y confusión como :“trato de no acariciarte mucho el pelo / trato de no mirarte fijo todo el tiempo” en su canción “Basura”. A lo largo del disco, predominan voces femeninas adorables, acompañadas por sintetizadores y bases rítmicas firmes. El disco cierra con una oda coming of age muy poderosa “Monstruos marinos” :“voy a vibrar / más fuerte y más alto / que una nave interestelar”.

Este 14 de febrero, Penny volvió a hacer de las suyas y publicó Amor en tiempos de macrisis, un EP cortísimo de cinco minutos y medio de duración donde sintetiza el estado actual de las cosas: pide que lleguen los saqueos por favor y habla de que “todos los chicos que me gustan se van a otras ciudades a vivir”. Esta actitud en la que no se pierde la ternura jamás, me recuerda a un conjunto de posibles influencias que atraviesan la obra de esta joven cantautora. Pienso en Tani, un nuevo ícono dentro del indie local, Frankie Cosmos, una heroína de la indecisión y la grabación hogareña, Girpool, una banda de chicas sensibles, las Vivian Girls, devotas del lo fi y los coros hipnóticos y Las Ligas Menores, con quienes Penny Peligro tocó hace unos días en Niceto.

Ver a la banda en vivo es confirmar que hay un trabajo artesanal y cariñoso en cada canción. Se los ve a los cuatro como si fueran amigos de toda la vida, con sus propios códigos, acompañándose en cada momento. Penny se planta en el escenario con una fuerza vigorosa, sin dudar de lo que está haciendo. En este sentido, se luce en el escenario, no es tímida y va para adelante. Mati, Juan y Emily se sonríen y todo parece un gran juego, donde experimentan a partir de las canciones y las vuelven grandes hits.

Penny y su banda están en pleno crecimiento, lo bueno es saber que como dice su canción “siempre es momento de panqueques”.

 

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