Las Amas de las Manos 

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Por Victoria Bembibre
Ilustración: Camil Camarero

Cómo vive las consecuencias de la pandemia y de la crisis económica un rubro mayormente feminizado y precarizado. 

¿Qué hizo de nosotres el 2020 si no fue cultivar la nostalgia del vínculo, de una caricia o de un abrazo, de ponernos en las manos de otre por unos instantes y hacer que más que dos seamos todo el mundo? 

Uno de los rubros más afectados por la pandemia fue la industria de servicios en todas sus variantes. En la mayoría de los casos, porque implica un contacto cercano con le consumidore de altísima posibilidad de contagio (fueron y son los últimos rubros en rehabilitarse). También porque buena parte de les trabajadores de servicios como gastronomía, limpieza, cosmética y estética están precarizades. Parar de trabajar significa, en muchos casos, dejar de percibir cualquier tipo de ingreso. 

Les trabajadores de las manos, dentro de ese rubro, tienen una vivencia especial. Además de haber sufrido la pandemia en lo cotidiano viendo sus fuentes de ingresos reducidas en gran medida o prácticamente a cero, debieron ingeniárselas para implementar protocolos sanitarios estrictos y espaciar sus citas con la clientela una vez que la cuarentena se flexibilizó. Muches de elles dependen de su propio local o estudio y no contaban con recursos para acondicionarlo.

Pero hay algo más ahí. Les trabajadores de las manos, además, suelen ser mujeres (cis o trans) e identidades no binaries, es decir, una mayoría largamente vulnerada. Ponen sus manos al servicio de sus clientes, las usan, las gastan, las recorren y las prestan cada día. Brindar las manos también es poner la oreja y el espíritu en un encuentro íntimo. Muches, además, practican más de un oficio con sus manos y/o son amxs de casa y jefxs de familia. Sus manos: su herramienta de trabajo, de cuidado y de amor contra viento y pandemia. Son las amas de las manos.

Pao, inmigrante de Perú, manicura y depiladora independiente en Once

¿Por qué empezaste a trabajar con las manos?

Porque desde muy niña siempre sentí que estaba conectada con ellas. A lo largo del camino me di cuenta de que en mis ratos a solas me la pasaba pintando, dibujando, creando y que ellas me respondían a todo. Lo cierto es que ya sabía el bien que me hacía trabajar con ellas.

¿Cuándo aprendiste a ser manicura?

Desde los 13 años, mirando, iba a las peluquerías a hacerme las uñas solo para observar a la otras manicuras cómo lo hacían. Y luego practicaba en mi familia, amigas y obviamente en mí. Ya a los 23 años logré estudiar.

¿Sentís que te cambiaron las manos?¿Para mejor, para peor?

Claro que cambiaron. Para mejor: a través de mis manos pude descubrir y ver el talento que tengo. Ellas son mágicas. 

¿Qué sueño te gustaría cumplir?

Tener mi propio spa o salón de estética bien equipado. 

¿Cuantás horas trabajás por día?

10 u 11 en general. 

 

Pelu, mujer trans oriunda de Chaco, cosmetóloga, cosmiatra, manicura, depiladora y peluquera independiente 

¿Quién es Pelu?

Tengo 45 años, soy una mujer trans, de Presidente Sáenz Peña, Chaco. Vine a vivir a Buenos Aires en el 2000. Estudié odontología en Corrientes en el ‘94 y de ahí hice el pase a una universidad en la Ciudad de Buenos Aires porque tenía amigos que ya vivían acá. 

Con la crisis económica empecé a dejar de lado la universidad. Siempre me gustó lo estético porque tengo secuelas de acné en el rostro. En esa situación me puse a estudiar cosmetología y cosmiatría. Después empecé a estudiar maquillaje profesional porque tenía muchos amigos que trabajaban en el ambiente de la moda. 

Trabajaba en eventos de drag queen y performances en boliches. Después me puse a estudiar depilación. Por estar en el ambiente LGBTIQ+ conocí a un fotógrafo que hacía producciones para trabajadoras sexuales. Ahí conocí a muchas chicas que venían de diferentes provincias escapando de sus familias o buscando bienestar. 

Me fui relacionando con muches del colectivo trans. También trabajé como ayudante de peluquería. Siempre en el ámbito de la estética. 

¿Qué otro trabajo tendrías?

Trabajaría como asistente en un consultorio o en algún comedor. Me gusta mucho el activismo y la militancia de personas vulneradas. Siento que tengo una mirada social. 

¿Te cambiaron las manos con tu trabajo?

Sí, mis manos son mis herramientas y por eso he perfilado más su cuidado: de uñas, exfoliaciones, manicura. 

¿Cómo te afectó la pandemia?

Afectó bastante desde el aislamiento porque mi profesión siempre fue a domicilio. Después pude adaptar mi departamento y armar un gabinete de estética con camilla y mesa auxiliar donde depilo y realizo tratamientos. Luego, cuando se fueron flexibilizando las cosas, pude retomar, pero muy despacio, con turnos aislados o días por medio, y no más de tres por día. 

¿Qué es lo primero que pensás cuando atendés a une cliente?

Más allá de que se vaya estéticamente conforme, pienso en generar una relación estrecha. Yo atiendo a muches compañeres del colectivo trans y se sienten cómodes con que yo sea una mujer trans, por su corporalidad y por su trayecto de vida. Muchas veces comenzamos una linda amistad, de confidencias e intimidades. La persona se deja llevar y puede contar sus realidades y problemáticas. Me gusta la relación que tengo, que es importante, más allá de lo estético.

¿Cómo es un día en tu vida?

Soy bastante noctámbula: duermo pocas horas y hago un poco de todo. Un poco de activismo y militancia LGBTQI, en reuniones y en las redes. Hay días en que me invitan a reuniones del Observatorio de Derechos Humanos porque soy Secretaria del Área de Diversidad. Paseo a mi perrito adoptado, y también tengo un gatito. Dos días a la semana hago entrenamiento de voley – hasta el momento de mi transición a los 18 años jugaba en el equipo masculino-. En Buenos Aires relegué el tema del deporte porque iba al gimnasio, pero hace unos años atrás conocí a un equipo de compañeres que juegan voley en el que me acogieron. 

¿Un sueño?

Me gustaría que todo el colectivo trans tenga oportunidades de trabajo dignas. Con el tiempo fueron creciendo mucho las oportunidades de trabajo y la visibilización, pero falta mucho. Uno de mis sueños sería que todas puedan tener un trabajo estable, acceso a salud, obra social, dinero para vivienda alquiler, solvencia económica. Es una utopía porque lo que más cuesta que se implemente son la visibilización y oportunidades de trabajo a las identidades de género diferentes.

 

Pri, depiladora empleada en condiciones precarias para una cadena de renombre

¿Por qué empezaste a trabajar como depiladora?

Porque dieron un curso en la empresa donde trabajo y me anoté para salir adelante, ya que no tengo estudios terciarios.

¿Qué hubieras sido si no trabajaras con las manos?

Me hubiera gustado ser contadora.

¿Te cambiaron las manos?

Sí, tengo muchas durezas, duelen de tanto depilar o cargar los tachos de cera. 

¿Cómo te afectó la pandemia?

Vivir con la incertidumbre de si voy a volver a trabajar, si voy a quedar desahuciada, engordé mucho, me volví más ansiosa. Pero vamos a salir de esta.

¿Con qué soñás?

Sueño mucho con gustar a mis padres y a todos mis hermanos y cenar o almorzar tranquilos. Somos una familia disfuncional. También sueño con irme al Caribe con mi novio y mi hermana.

¿Cuántas horas trabajás por días?

Ahora nueve horas, pero llegué a trabajar 12

¿Qué es lo que más recordás de trabajar con tus clientas?

Mi nombre, siempre me dicen: “¡ay, como la mujer de Elvis Presley!”. 

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