No gustan de mi

no-gustan-de-mi-4

Por Cinthia Giselle Dalama

Nadie gusta de mí. O al menos es lo que pienso cuando me doy cuenta que no logro formar lazos afectivos con ninguna persona. Termino echándole la culpa a mi gordura y a mi cuerpo. Mil veces hablé con varones que conocí en Tinder, Happn, OkCupid y cuando vieron mi Instagram dejaron de hablarme. A nadie le gusta una gorda que está orgullosa de serlo y además lucha en contra de los estereotipos.

Foto: Ana Harff

Ya sé, tengo razón. Me da paja contarles a otros y que traten de justificar y discutirme por qué no es así, porque estoy equivocada. Que por que soy linda, que porque soy inteligente, que porque tengo linda piel, que porque me visto bien, que porque tengo buen gusto. Una serie de características con las que estoy totalmente de acuerdo, pero que los otros no notan, o sí, pero aún así no gustan de mí.

Nadie gusta de mí porque soy gorda. Digámoslo bien fuerte, así lo recuerdo. La gordura me define, esto soy. No quiero esconderlo más, y de hecho no puedo. Tengo estrías, celulitis, panza, papada y peso muchos kilos. Me imagino que es todo un misterio para los demás cómo es la intimidad con una persona gorda ya no somos objeto de deseo ni aparecemos en películas o series cogiendo. Además, cuando alguien por alguna razón nos desea, siempre tenemos que acceder, porque ¿quién quiere estar con nosotres? Dale, nos están haciendo un favor. Nadie desea a una persona gorda más que por morbo. Somos una categoría en las páginas porno, ¿vieron?

Foto: Ana Harff

Nadie gusta de mí y lo leo en sus descripciones en apps. Nadie pone que le gustan las gordas, siempre son delgadas, o que vayan al gimnasio. A ustedes les gustan “con buen físico” y todos sabemos que les gordes no entramos ahí.

Nadie gusta de mí y lo veo en sus caras cuando me ven llegar a una cita. Me acostumbré a sostener el tiempo con buena cara hasta que se termine y cada vez me cuesta más. No sé qué esperaban, pero seguramente que no fuera tan alta y con panza, o que por lo menos tuviera tetas más grandes. Supongo que importa a dónde atraemos la atención con la exuberancia.

Nadie gusta de mí. Eso pensé por mucho tiempo y por eso los odiaba. Tenía un pensamiento binario, heteronormativo, donde sólo contemplaba sentirme atraída por varones. Cuando dejé de salir con ellos, las cosas mejoraron bastante, pero aún no logro sentirme del todo cómoda con la situación de conocer y explorar, porque siento que todavía hay cosas que no están bien.

Foto: Ana Harff

Puedo decir que me empezaron a gustar las mujeres porque tenía tanta bronca acumulada de años, que ya era tarde para convertirla en algo positivo, sólo podía mirar a otro lado y buscar otra cosa. Pero en el momento donde empecé a considerar que podía gustarme simplemente alguien y no su identidad, se me desequilibró la balanza.

No todo es tan terrible, perdón si así se ve. Tuve muy buenas experiencias con mujeres, me he sentido muchísimo más cómoda que con varones, compartí momentos que me gustan como maquillarnos juntas o escuchar música pop. También tuve experiencias copadas con varones, pero siento que hoy en día nos separan un montón de cosas y si bien todos quieren la igualdad de la boca para fuera, en la intimidad aún hay roces de poder que siguen muy vigentes y que no estoy dispuesta a bancarme ahora.

En los últimos años empecé a cuestionarme cada vez más cosas: ¿por qué pensamos sólo en disidencias sexuales cuando hablamos de relaciones, pero no en disidencias corporales?

Como dice Luciana Peker, ¿cuál es el costo de coger y amar siendo feminista? Y yo agrego, ¿cuál es el costo de coger y amar siendo feminista y gorda? Tengo derecho a ser gorda, y mi cuerpo gordo no existe para bajar de peso solamente.

Foto: Ana Harff

Creo que si no tuviera estrías, panza, los brazos gordos y papada alguien gustaría de mí. Podríamos jugar al operando y sacar todo eso, o podrías gustar de otra persona, que es más fácil. No existe nunca sentirme conforme. Eso lo descubrí hace años, porque cuando llegas a una meta relacionada a tu cuerpo, encontrás cosas que antes no habías visto y todo se convierte en un camino largo y siniestro donde creemos que agregándonos y sacándonos cosas, vamos a ser más felices para los demás.

Lo veo en mis amigas más hegemónicas, que aunque ellas sí cojan más, o estén en relaciones, no están más conformes ni son más felices que yo. También se preguntan cosas, odian su cuerpo, no cojen con la luz prendida, o les cuesta la intimidad.

A veces me confundo y pienso que estoy parada en el mismo lugar que ellas viviendo algo de la misma forma. Pero ahí es cuando me la doy, bien fuerte, porque hay una gran diferencia entre llevar una relación siendo hegemónica y llevar una relación desde un cuerpo y una identidad disidente: primero mi relación conmigo misma y después mi relación con los demás. Y definitivamente, eso lleva más tiempo (y paciencia).

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram

Newsletter de Beba

Newsletter de Beba