Por lesbiana

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Por Cinthia Giselle Dalama
Foto: Julián Merlo

Abro la compu y pienso. Pienso qué palabras pueden ser lo suficientemente impactantes para poder explicar cómo me siento hoy. Me resuena una conversación entre varones de mi trabajo: “Pero esa estaba fumando y no quería apagar el cigarrillo e hizo alto quilombo”. Lo escuché y no dije nada. Porque la última vez que me defendí de comentarios lesboodiantes quedé como una exagerada y me dejaron hablando sola.

Pienso como si estuviera haciendo una campaña de concientización. Tengo la cabeza seteada y me pesa a veces, sobre todo en un momento como hoy.

Pienso en lo mucho que me costó salir del closet, en lo que odio la palabra “closet” porque me suena a un armario viejo de madera hinchada y adentro oscuro, como los de las películas de terror. Pienso que tuve mucha ansiedad durante mis early 20s porque no podía salir de ahí.

***

Hoy sólo me animo a pensar qué hubiera pasado. La famosa serie de supuestos que si hubieran pasado nos sacarían de este presente. ¿Qué hubiera ocurrido si el empleado de Metrovías no se acercaba a Mariana y a Rocío? ¿La policía se hubiera arrimado? ¿Qué hubiera pasado si Mariana no hubiese estado fumando? ¿Hubieran puesto otra excusa? ¿Qué hubiera pasado si no estaban en una estación de tren y en un lugar público? ¿Esto lo sabríamos hoy?

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Abro Instagram y veo una foto de la cuenta de Rocío Girat. Entro a su perfil. Me siento una intrusa, pero aun así mi curiosidad no me deja detenerme. No puedo parar de scrollear, me siento invasiva, viendo algo que siento que no debería, pero quiero: dos mujeres disfrutando de su vínculo, sonriendo, besándose en la mayoría de las fotos, en marchas, de vacaciones, en la calle, en unas escaleritas, en su casa. Lloré, sentí un dolor muy fuerte en el pecho: podría haber sido yo.

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Me pregunté qué estaba haciendo en el 2017, ese día exacto. Supongo que podría haber estado comiéndome la cabeza a ver si le hablaba a ella, a la chica que me gustaba. Me sentí confundida también porque estaba terminando un vínculo complicado con un varón, sabiendo que no quería volver a tener eso más. Me estaba cuestionando años de no haberme realmente puesto a pensar si sentía atracción por varones, supongo que simplemente lo acepté porque eso hacía, hacer lo que estaba bien, lo que es socialmente aceptado. No importa cuánto daño me hiciera, estaba dispuesta a todo con tal de encajar.

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Hoy vi un montón de policías armados con escudos. Son como una versión moderna de los escudos de la Edad Media o Antigua, pero de plástico. Pero ellos no estaban luchando, sólo estaban de guardia. Ponen cara seria, y sé que lo sienten, como lo sentimos todes: la furia. ¿Qué podemos hacer además de transmitir a través de nuestra vestimenta, nuestro maquillaje, carteles, y cánticos lo que nos pasa? Tengo miedo. Vivo en un país con un Estado que, a través de estas fuerzas de seguridad, dice cuidarnos y velar por nuestro bienestar. Nosotres no tenemos escudos, ni armas de fuego ni uniformes. Tenemos palabras, ética, ideologías y teorías, un sentimiento de que lo que sentimos construye una sociedad más igualitaria, una fuerza que creemos que todo lo puede. ¿Es así realmente? ¿Dónde aprendimos que es eso lo que va a vencer?

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No quiero estar ahí, no quiero ser Mariana, o Higüi, o Diana, o les miles que no tienen nombre porque no llegaron a los medios. Porque sé que si bien tengo muches compañeres que no dormirían por ayudarme, el Estado está mirando otra vez para el costado.

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Pienso en lo difícil que es ser lesbiana, tener sueños grandes y ser de clase media baja. El miedo de perder lo poco que tengo, o mejor dicho la oportunidad de seguir siendo, de ser etiquetada. Incluso escribir esta nota es difícil y me cuesta, pero respiro hondo y lo hago, porque necesito que seamos muchas diciéndolo, y gritándolo fuerte así ya no es más tabú, a ver si en una de esas el miedo se disipa en ese rugido lleno de fuerza que nos sale bien y nos empuja a salir de un lugar solitario para pensar en conjunto.

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Ahora, ¿qué le decimos a las nuevas generaciones un día como hoy? ¿Cómo podemos estar orgulloses de quienes somos si nos criminalizan por besarnos en un lugar público, con quién queremos? ¿Cómo podemos celebrar si hay compañeres que están sufriendo y siendo acusades de delitos que no cometieron? ¿Qué hacemos cuando hay tanta desigualdad que duele y no alcanza con gritar y llorar y apretar fuerte los dientes?¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Cómo nos imaginamos un mundo donde todos los tipos de amor sean válidos, donde todes seamos válidos no importa lo que sintamos, lo que nos guste, con lo que nos identifiquemos? ¿Cómo hacemos para no caernos y seguir de pie? Ante un sistema represor que nos criminaliza por no cumplir con la heteronorma, lo único que podemos hacer es resistir.

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