Reclamar alimentos dejó de ser tabú

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Por Martina Ruggiano y Emilia Ruiz de Olano
Ilustraciones: @ladurito

¿De qué se trata el proyecto para crear un Sistema Nacional de Prestación Alimentaria Básica Parental?

No es casual que hoy en día la prestación alimentaria básica para niñas, niños y adolescentes pase a ser un pilar fundamental en la agenda política como también, una deuda pendiente en la feminista.

Reclamar alimentos en Capital Federal requiere de pasar por varias instancias: mediación previa obligatoria donde intervienen abogades e intermediaries que tratan de llegar a un acuerdo entre las partes. Por el contrario, en la Provincia de Buenos Aires, la mediación no es requisito para iniciar una instancia judicial, pero aún así, el proceso judicial y prejudicial tiene tiempos que la necesidad alimentaria no puede esperar.

Estos procesos requieren del pago de honorarios a les profesionales y en la mayoría de los casos, es el principal impedimento y motivo real por el cual las mujeres terminan no reclamando y asumiendo la responsabilidad alimentaria de forma completa y unilateral respecto a sus hijes, cuando se entiende que debería ser compartida. Claramente negarse a pagar alimentos configura un acto machista y patriarcal. La violencia económica y simbólica a la cual se someten las mujeres cada día crece aún más y, durante la pandemia, reclamos de este tipo muchas veces se vieron frustrados.

Desde Beba entrevistamos a Jimena López, diputada nacional por el Frente de Todos quién, junto con el equipo técnico del Frente Renovador especializado en la temática y coordinado por Malena Galmarini, impulsó el proyecto de ley para crear un Sistema Nacional de Prestación Alimentaria Básica Parental. También conversamos con Micaela Ferraro, subsecretaria de Inclusión e Integración Social en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación e integrante del equipo técnico anteriormente mencionado. 

Este proyecto nace como respuesta a aquellas mujeres que no pueden acceder a la justicia para reclamar esta prestación o que, por los tiempos de los patrocinios gratuitos, atentos a la alta demanda, se sufre un desfasaje ante una necesidad extremadamente urgente como es, nada más ni nada menos, darle de comer a sus pibes. 

El propósito es claro: se busca un sistema rápido y eficaz a cargo del Estado, sin necesidad de llegar a una instancia prejudicial y judicial para el reclamo de los alimentos.

¿La pandemia fue un disparador importante para la creación del Sistema Nacional de Prestación Alimentaria Básica Parental? ¿Por qué?

JL: La pandemia dejó en evidencia la lentitud con la que se mueve la justicia en este tema, una problemática que hablábamos con las compañeras en los encuentros, en el trabajo, en todos los espacios. Había compañeras con muchísimos problemas en relación a lo que se conoce como cuota alimentaria y nosotras decidimos avanzar en una primera parte, que tiene que ver específicamente con los trabajadores registrados, aquellos que están en el sistema formal. Y sí, obviamente, la pandemia mostró la sobrecarga de cuidados que tenemos quienes constituimos familias monomarentales.

MF: Claro. La pandemia vino a tirarnos por la cabeza muchas realidades, evidenció desigualdades y también las profundizó. La brecha de género en las tareas de crianza es una de esas, pero no solo en cómo y cuánto le ponemos el cuerpo las personas que estamos a cargo de hogares monomarentales, y hablo en primera persona porque soy parte de esa estadística, sino también al costo económico que enfrentamos solas a la hora de brindar a nuestros hijos todo lo que necesitan para desarrollarse plenamente.

La pandemia tiró abajo todo el sistema informal de trabajo y las mujeres somos las más perjudicadas en ese sentido. Padecemos el desempleo o la informalidad. Por la crisis que generó la pandemia, muchas mujeres perdieron sus trabajos o tuvieron que salir a sumar más horas para sacar adelante la familia.

La pandemia en los hogares monomarentales implicó más horas de trabajo en casa, además de salir a buscar el mango. Como toda crisis nos impactó más a las mujeres, y más a las mujeres madres que tuvieron que trabajar y cuidar en casa. Y más aún a las que no cuentan con la cuota alimentaria por parte del padre.

¿Hace cuánto tiempo se viene trabajando en este proyecto?

JL: El proyecto se empezó a discutir entre diferentes fuerzas, diferentes partidos y movimientos, nosotras empezamos a trabajarlo y pulirlo leyendo legislación comparada y legislación a nivel mundial; cómo es en otros países el sistema de prestación parental y qué es lo que implica, generando en base a eso un primer proyecto. Hay que entender que este proyecto de prestación parental básica es muy específico para el sector formal y que implica un primer avance en lo que nosotros consideramos que tiene que ser un sistema universal.

¿De qué forma van a poder acceder a este plan los sectores más vulnerables? ¿A dónde deben dirigirse?

JL: Este proyecto está pensado en principio para el sector formal, o sea, aquellos  no convivientes con los hijos, hijas e hijes que, pudiendo pagar la cuota, no lo hacen. Respecto a los sectores más vulnerables, tendremos que pensar otro sistema de prestaciones o de pensiones como hacen en otros países. Acá estamos específicamente legislando para el sector que, pudiendo pagar la cuota porque cuenta con trabajo registrado, no lo hace, se demora o esquiva la obligación. Nos preocupa el derecho que es inherente a la infancia, porque si bien esto es una obligación de los adultos, no hay que olvidarse que es el derecho de nuestros hijos e hijas.

MF: La idea es que, a través de la autoridad de aplicación, el sistema esté disponible para cualquiera que quiera acceder y denunciar la situación de incumplimiento. De manera rápida y directa, se garantizaría un monto básico para que los niños y niñas tengan cubierto su derecho universal, exista litigio judicial o no.

¿Qué ocurre en los casos en donde el alimentante no posee trabajo registrado? A la hora de fijar los alimentos, ¿se respeta el monto de inembargabilidad?

JL: El proyecto plantea obviamente una forma escalonada que tiene que ver con el 20% a partir del primer hijo, hija o hije y de ahí en adelante hasta llegar a un 35%.  Obviamente el criterio de embargabilidad de los sueldos no corre porque tiene que ver solo con cuotas alimentarias y, en relación a los sectores vulnerables, es algo que tenemos que generar en una segunda instancia. Cómo hacemos para tener un piso de igualdad también para esos chicos y chicas.

Este proyecto lo que toma de eje es que ninguna cuota sea por debajo de la CBT (canasta básica total).
Esta retención que nosotras planteamos que se haga
de manera automática tiene que tener obviamente un piso del 20% siempre pensado en concepto de piso, o sea, de inmediatez. Por ejemplo, te separaste, no te paga la cuota, lo denuncias de manera virtual con una aplicación (que es lo que estamos pensando). Al mes siguiente tenés que tener en la cuenta que denunciaste el dinero retenido. Esto tiene que ser algo automático, sin esa demora que implica el sistema judicial actual. En este momento, para reclamar la cuota quien se queda con les chiques tiene que demostrar que el otro progenitor es solvente, dónde trabaja, etc. Acá directamente lo que se hace es una denuncia vía web, con el CUIL del trabajador, la cuenta sueldo, la constancia filiatoria. Por eso pensamos en un sistema filiatorio que, sin desconocer el sistema judicial, fije en una primera instancia algo relacionado a la prestación básica parental en términos de piso, y si quien está denunciado siente que no corresponde o que es un exceso, sea él quien tenga que presentarse en la justicia y no la denunciante

¿Al denunciado se lo notifica de esta denuncia? 

JL: El alimentante no será notificado del cobro de alimentos porque sabe que es la denuncia del incumplimiento. Eso, igualmente, deberá verse en el mecanismo de reglamentación si llegamos a la sanción. Pero la idea es que si vos tenés una deuda la tenés que pagar y en este caso tenés que, inclusive, reparar un derecho.

¿Qué rango etario será el beneficiario del cobro de alimentos? 

JL: Hasta los 21 años y, obviamente si estudia, se puede extender hasta los 25 años. También, hay una potestad que plantea el Código Civil y Comercial que los hijos a partir de los 18 años puedan reclamar la cuota alimentaria que, me parece, también es algo que hay que enseñarles a nuestros hijos e hijas.

El tema es que, en general, este es un derecho que se desestima por cansancio, porque ven a sus madres recorrer al sistema judicial, pelearse en las actualizaciones, pelear el reconocimiento, pelear el pago de la escuela y en realidad termina siendo un círculo vicioso y no virtuoso,  hay otros mecanismos.

Pensemos que, si bien estamos hablando de un derecho, de personas y de grupos familiares, cuando vos debés la tarjeta nadie tiene tanta compasión para evaluar todo y no pasás por un proceso judicial, la tarjeta directamente te retiene, sobre todo cuando estás en el mecanismo formal. Bueno, acá la idea es que si no podemos trabajar el vínculo, que es importante para el desarrollo de lxs chicxs, al menos trabajemos la responsabilidad en términos de obligaciones, y una es la provisión de alimentos. Me parece que hay que empezar a discutir que, si bien es cierto que los sectores vulnerables quedarían afuera de este primer proyecto, no es menos cierto que hay 3 millones de chicxs que reciben salario familiar, o sea, hay 3 millones de personas que serían alcanzados por este programa en caso de que los padres o sus madres se transformen en deudores o deudas alimentarias.

¿Qué otros temas hoy configuran de importancia interseccional en la agenda feminista?

JL: Creo que otros temas que constituyen la agenda interseccional tienen que ver con el trabajo formal de las mujeres, por ejemplo, cómo hacemos para regularizar al 75% de las compañeras que prestan servicios en casas de familia, que no están registradas, y que esto pueda empalmarse en algún punto con planes de empleo, al menos durante un año, como una forma de normalización masiva. También qué podemos hacer con las compañeras que, por ahí, ganan un poco más y pagan ganancias (que son las menos) y que muchas veces son las únicas jefas de familia. También me parece que seguimos dando vueltas sin poder llevarlo a la discusión, a la agenda, a todo lo que tiene que ver con la justicia menstrual y el acceso igualitario a las condiciones de cómo transitamos la menstruación. Todo eso sigue estando en debate y sigue estando relegado, más allá de que hicimos un avance importantísimo en sancionar la ley de interrupción voluntaria del embarazo.

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