Resistencia a un fascismo anunciado

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Por Marina Belardo

Se aproximan las 19 horas según el horario de Brasilia. Lorrayne está sentada en el sofá conmigo. Ninguna de las dos podemos dejar de mirar la televisión aunque ni ella ni yo queremos recibir las noticias. El presentador de Globo News, informa que tiene los resultados, al parecer el 88% de las urnas fueron escrutadas. Aclara que el resultado en pantalla será muy probablemente el definitivo. A mi se me estruja el corazón, Lorrayne me pide que le agarre la mano, y juntas esperamos la inminente estocada. Los números aparecen: Jair Messias Bolsonaro 54% de los votos, Fernando Haddad del Partido de los Trabajadores, 44%. Lamentablemente el desenlace es inamovible.

Me acuerdo la primera vez que escuche el nombre de Bolsonaro. Fue en agosto del 2017, cuando un amigo me mostro como él votaba a favor del impeachment a Dilma y en nombre de un torturador de la dictadura. Un torturador que colocaba ratones vivos en las vaginas de las mujeres. Aún así, a la mayoría de los brasileños no pareció importarle ese detalle.

Mirando en retrospectiva, eso debería haber sido alarma suficiente.

Sutilmente, su discurso fue ganando adeptos y exactamente un año después, con la campaña presidencial, se posicionó como el candidato con la mayor intención de voto después de Lula. Con el histórico líder del PT en la cárcel, todos los pronósticos ya anunciaban que el ex militar pasaría a la segunda ronda. Peor aún, todas las encuestas vaticinaron que frente a un escenario contra Haddad, Bolsonaro ganaría.

En el correr de septiembre ante la inminente amenaza, fueron las mujeres las que encabezaron la resistencia. Organizadas espontáneamente en un grupo de Facebook, “Mulheres unidas en contra de Bolsonaro”, en días consiguieron más de un millón de participantes. En poco más de tres semanas, justo en la previa de las elecciones, el grupo se materializó en las calles. Bajo el grito de #EleNão, las mujeres de todo Brasil ocuparon los espacios públicos y se posicionaron en contra de un candidato abiertamente machista.

Para sorpresa de todas, la manifestación enardeció la pasión por el candidato y el rechazo al movimiento. Es que lo político incomoda. El empoderamiento incomoda. El feminismo incómoda en un país que tiene una de las tasas mas altas de femicidios. Para algunos debe dar miedo ver mujeres dispuestas a defender sus conquistas.

En las semanas previas al balotaje se conocieron casos de mujeres que fueron golpeadas en la calle o que fueron humilladas y amenazadas por llevar el adhesivo de #Ele Não. En esos días tuvimos que soportar que machos escrotos (NdE: machirulos), quebraran la placa que homenajeaba a Marielle Franco. Pero nadie se quedó de brazos cruzados. Al interior del grupo creció la sororidad, ninguna mujer estaba sola frente a los crecientes ataques en las calles. Las universidades y la sociedad también se organizaron en la campaña “Vira Voto”. Fueron 21 días de mucha escucha, paciencia e ir siempre acompañadas.

Hoy quedó expuesto que tan machista y LGTBQ odiante es la sociedad brasileña. Al parecer el odio al PT es más importante que la tolerancia. Ese resultado golpeó de lleno la cara a todo aquel que no se encuadraba en la definición de familia tradicional brasileña, en la definición de ciudadano de bien o en la definición de mujer de respeto, según la Iglesia Evangélica y el padrón heteronormativo patriarcal.

Minutos después de los resultados, me llegan mensajes de mis amigas, preguntándome si estoy bien, me cuentan que tienen miedo, que ya se escuchan gritos de que se acabó la fiesta para las feministas, los viados (NdE: gays) y los negros que no trabajan. De todos modos, es en ese sentimiento de derrota que recordamos que somos muches, que no estamos soles. Porque en el final, cómo puede ser que tantas pibas, tantos viados y tantos negros estemos soles.

Nadie le va a soltar la mano a nadie. Todes vamos a seguir juntes, aunque sintamos que ya comenzaron los tiempos difíciles. Desde hoy seremos la resistencia al fascismo.

Ele não, Ele nunca, Ele jamais.

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