Sheila

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Por Macarena Gómez

En el 2004 cumplí diez años. De esa edad tengo recuerdos muy nítidos: el perfume Mujercitas, el diseño del diario íntimo que escribía, el compañero de 4º C que me gustaba y la ansiedad por bajar al recreo a jugar al elástico. Ayer encontraron a Sheila, también de diez años, asesinada violentamente a metros de su casa. Un colchón destrozado, lleno de moscas, cintas y una muñeca de Hello Kitty fueron las pistas para llegar a ella. Sus tíos confesaron que consumieron drogas y alcohol, y que no recuerdan qué los llevó a matarla. La descartaron desde una planta alta. La autopsia preliminar dice que la estrangularon. No encontraron rastros de violación consumada, pero creen que la mataron cuando lo intentaban.

Camuflada entre la basura del patio contiguo yacía una bolsa de residuos que cubría su cuerpo pequeño. Siempre en los desechos. “Tiradas a la basura, desgarradas, en pelotas: en la montaña asquerosa, un cuerpo como una cosa, como una cosa ya rota y que no sirve para nada, los restos del predador, la carne que le sobró de su festín asesino”, describió la periodista Gabriela Cabezón Cámara en el portal de Anfibia, en una nota titulada Basura. Es un modus operandi: junto a Araceli Ramos, Melina Romero y Ángeles Rawson, Sheila se suma a la lista de chicas embolsadas y arrojadas como a un residuo.

Sheila ya no va a escribir en un diario íntimo, ni a saltar en un elástico. Tampoco ir a la escuela ni sentirse enamorada. No tenía la pollera muy corta, ni era demasiado provocativa. Una vez más, fue el blanco de un sistema que nos desecha. Entre ella y yo hay varios factores que nos distancian. Pero hay algo que tenemos en común: ambas estamos expuestas al peligro. Como si fuese nuestro devenir, siempre somos las protagonistas de las historias de terror. Somos expropiadas de nuestros cuerpos para ser la expresión de la violencia machista. Nos ahorcan, nos queman, nos violan, nos torturan, nos matan y nos tiran al tacho. Nos separa en definitiva una cuestión de ¿suerte?

Pienso en el factor socioeconómico y en quienes dicen que vivir en la marginalidad te lleva a las drogas y al alcohol, y que necesariamente, es la pobreza el principal causante. Durante cuatro días, mientras la buscaban, los medios hicieron hincapié en que su madre era la principal responsable de su desaparición. “No la cuidó lo suficiente” o “estaba implicada en el tráfico de drogas” fueron algunos de los comentarios que la acusaban. No es la primera vez que sucede. En el 2011, cuando encontraron a Candela Rodríguez asesinada, también en la basura al costado del Acceso Oeste, el foco una vez más estuvo puesto en su mamá. Todo apuntaba a que se trataba de un ajuste de cuentas. ¿Acaso eso no es parte del patriarcado y la estigmatización de las pobres?

La repercusión de este caso en las redes sociales generó una reflexión acerca de poder considerarlo o no un femicidio. “Podemos dejar en claro la definición de femicidio?”“El asesinato de Sheila no fue femicidio, la asesinaron sus tíos (tío y tía) drogados y borrachos. No fue un crimen de odio por ser mujer”. “No entiendo por qué lo de Sheila se considera un femicidio”. Todos estos fueron algunos comentarios de lxs usuarixs de Twitter. Entonces, ¿por qué hablamos de femicidio?. Según Raquel Vivanco, presidenta de “AHORA QUE SÍ NOS VEN (Observatorio de Violencias contra las mujeres)”, en el Registro Nacional de Femicidios que elaboraron en 2018, se explica que el 13% de las víctimas tenía entre 0 a 18 años y el 41% de ellas estuvo desaparecida y fue abusada sexualmente. Este es un mecanismo sistemático en los crímenes contra mujeres y niñas, un dispositivo femicida que empala, que viola, que asfixia, que descuartiza, que luego embolsa y lo vuelve materia prima del Ceamse es figurita repetida en las niñas y mujeres. La imagen de sujeto indefenso y manipulable se vuelve fetiche entre quienes necesitan reafirmar su poderío.

A Sheila no la mató la pobreza ni el “descuido” de su madre. La mató el hecho de nacer mujer, el destino de vulnerabilidad que eso implica, y la impunidad con la que se maneja el patriarcado.

NdE: Desde Beba nos encargamos meticulosamente de la estética de cada contenido que subimos. Los femicidos no se estetizan. Estamos de luto.

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