Yendo de la sala al living: BAFICI 2021

Bafici_azul

Por Ayelén Cisneros
Ilustraciones: Tamara Conforti

Una crítica a la película de Isabelita y tres recomendaciones breves para abordar el BAFICI 2021, festival que estuvo lleno de documentales y cortos en modalidad híbrida, presencial y online. 

Una casa sin cortinas

Cuando escribo para Beba lo primero que pienso es si el tema le va a interesar a una persona joven, feminista y con ciertas inquietudes. Una casa sin cortinas es una de las películas más destacadas del BAFICI y trata sobre una mujer socialmente odiada, pero que forma parte de un pasado que le puede quedar un poco lejos a una centennial. 

María Estela Martínez Cartas, o Isabel, como se hizo llamar, fue la segunda esposa de Perón y es una figura bastante denostada en la historia argentina. Sobran los argumentos. El más fuerte es que ella como presidenta constitucional firmó el decreto de aniquilación del “accionar subversivo” en 1975 con el que los militares eliminaron a las organizaciones armadas en Tucumán, en lo que se llamó el “Operativo Independencia”. Ese sería el puntapié para que dieran rienda suelta al combate desigual y asesino contra las organizaciones políticas, sociales y gremiales del campo popular. Sin dejar de lado que la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), organización parapolicial que asesinó a cientos de personas, entre ellas intelectuales, militantes y artistas, empezó a ser operativa en 1973, bajo el mando de José López Rega, personaje nefasto e íntimo de Isabelita. 

Hacer un documental sobre esta figura tiene sus riesgos. Julián Troksberg eligió crear un mapa de la figura de Isabelita a través de una selección de testimonios variopintos. Funcionarios menemistas, un sindicalista puntano, una artista plástica que la retrató, sus abogados, su contador, un vidente amigo, una compañera de danza devenida en importante figura del star system, vecinos, personal doméstico etc, fueron parte del crisol de entrevistados que dieron su parecer sobre la viuda del General. 

Es complicado hablar de una persona que fue pareja de Perón luego de Evita. Y se nota sobre todo en los entrevistados peronistas. Se suma que Isabelita fue bailarina y trabajó durante unos años en Panamá. Recordemos que el antiperonismo le atribuía lo peor a Perón, y por ende a sus parejas. Era el tirano que estaba lleno de perversiones, incluido salir con cabareteras. El prejuicio sobre el trabajo de Isabelita se puede vislumbrar cuando la hija de Gatica, entrevistada para el documental, habla sobre eso. “Ella era una artista, una bailarina, como sería ahora una modelo de Tinelli”, dice dubitativamente. Haydée Padilla, bailarina y vedette, en uno de los mejores testimonios del film, afirma que fue su compañera en una escuela de baile. Cuando se enteró que Isabelita iba a viajar a Panamá, se lo contó a su madre y ella le respondió con un gesto socarrón. Exponer el prejuicio que muchas personas tenían y tienen sobre la protagonista de la historia es un gesto menos controlado, lo cual le suma al documental más que los testimonios tibios y medidos de varios de los entrevistados. “Cabaretera no fue nunca, tuvo una vida digna”, dice el apoderado de la expresidenta en un comentario tan pudoroso como machista. Todos sugieren, pero nadie se atreve a decir la palabra puta. 

Luego el documental se centra en la tarea de Isabelita durante el exilio de Perón. Ella viajó en dos misiones encomendada por su marido para resolver la interna peronista. Según los entrevistados, su rol fue fundamental y sobrio. Se la respetaba por ser compañera del líder y porque pasaba sus mensajes. Un entrevistado, el dirigente sindical Oraldo Britos, narra los gestos paternalistas de los militantes, que debían protegerla y darle lo mejor en su estadía en el país. 

Finalmente, Perón vuelve al país. Las imágenes del regreso lo muestran rodeado de dirigentes, con José Ignacio Rucci, uno de los sindicalistas más cercanos al General, sosteniéndole el paraguas, e Isabelita a un costado, alejada. ¿Por qué estaba alejada? ¿Ella no era del entorno? Juan Manuel Abal Medina, secretario general del movimiento peronista en esos años, dice que ella era muy reservada. Otra vez el rol de la mujer discreta, respetable. 

A continuación, otra pregunta fundamental de la película. ¿Por qué Perón la elige como compañera de fórmula presidencial? Seamos sinceras, Isabelita no tenía experiencia como dirigente política. Una cosa es cumplir con unas misiones de rosca y otra cosa es comandar el Senado y quizás un país, si se moría Perón, que ya estaba grande. Sobre las razones del líder justicialista se puede hablar días enteros: si ella era la única persona en la que confiaba, si pensaba que todo el mundo la respetaría por ser “su mujer”, si pensaba que no se iba a morir nunca, si la interna peronista era feroz y la mejor forma de saldarla era por arriba. Cabe otra pregunta: ¿por qué ella acepta? El documental no da una respuesta acabada a nada de todo esto. En otro de los testimonios más coloridos, uno de los vecinos de la pareja, que vivía en la casa de al lado sobre la calle Gaspar Campos, habla de la sumisión. El señor dice que Isabelita veía en su marido una figura paterna. Ella simplemente tenía daddy issues. Refuta la idea de que Perón era un sugar daddy y afirma que, a diferencia de Eva, ella no tenía ningún interés en la política: no competía con él. El entrevistado le abre las puertas al lugar común que indica que las mujeres que salen con hombres más grandes se aprovechan de ellos o buscan una figura paterna. 

Isabelita es construida a partir de los testimonios como una mujer con escaso poder de agencia y con el valor de ser una mujer «reservada”. Por fidelidad o por sumisión. La mayoría de los varones que son entrevistados esbozan esto. Uno de ellos, el cardiólogo de guardia, dice en un acto de machismo explícito: “Ella estaba para darle de comer, llevarle el té, ¿qué sabe ella?”. Sobre el rol luego de la muerte de Perón, Julio César Labaké, abogado de Isabelita, asegura: “Era una reina a la Europea, tenía que reinar, no gobernar”. Marcia Schvartz, una artista plástica que pintó diferentes obras sobre Isabel, se refiere a ella como una mujer “loca”. No faltó otro lugar común: la estigmatización sobre la salud mental de una feminidad que estaba metida en política. 

La búsqueda del documental es la pluralidad de relatos. No hay una bajada de línea peronista, lo que lo habría empobrecido porque en los testimonios de los compañeros justicialistas se siente cierto “respeto” porque era “la mujer del líder”. Aun así, el tema es lo que se elige preguntar. Sobre la parte oscura de Isabelita, se omite profundizar en la Triple A. Tampoco se habla del Rodrigazo, el plan de ajuste que implementó el ministro de Economía de su gobierno, que incluyó una cruenta devaluación, aumento de tarifas y una inflación imposible. Este plan destruyó a la clase obrera. 

Lo que sí elige preguntar el director a los entrevistados es sobre el decreto de aniquilamiento. Carlos Ruckauf, funcionario de ese gobierno, dice que cuando firmaron el aniquilamiento del “accionar subversivo” discutieron ese término, ya que sonaba a asesinar (lo que efectivamente hicieron). Es decir, se centró en la cuestión discursiva. Nadie se refiere a si la expresidenta era consciente de la dimensión de lo que firmaba. Pero la palabra aniquilamiento de la mano de los militares nunca podía sonar bien. Una mujer firma un decreto que es la sentencia de muerte de muchas personas. Una mujer es instrumento del mal. Los entrevistados hablan de un entorno que le manejaba el gobierno. Que ella no elegía ni a sus ministros. Del poder que tenía López Rega sobre su persona. Resulta triste justificarla porque no estaba preparada para esa tarea. Me resulta poco feminista hacer la vista gorda, como hacen varios en la película. La visión conmiserativa es lo verdaderamente poco digno. 

También hay espacio para la redención. Isabelita, según el Canca Gullo, dirigente de la Juventud Peronista, se bancó con dignidad la cárcel durante la dictadura. En silencio, porque era una mujer respetable. Lo último que cabe preguntarse es la razón del título de la película. Una casa sin cortinas hace referencia a cómo se encuentra el inmueble al que llegó la susodicha para vivir su encarcelamiento. Ella pidió poner cortinas. Si consideramos que actualmente y desde hace décadas vive en el exilio y en el ostracismo, ella optó por estar oculta tras las cortinas de la Historia. La película corre un poco esas cortinas y nos permite interrogarnos sobre esta mujer hermética. Porque el tema que atraviesa casi todos los relatos es la discreción de Isabelita. La opción de un título metafórico da cuenta de una intención poética del director. Un poco de metáfora para un personaje sombrío y fascinante. 

BONUS TRACK: Tres recomendaciones breves para seguir en el BAFICI o luego cuando se estrenen:

1. La vida dormida 

Natalia Labaké, la nieta de Julio César Labaké, político menemista y abogado de Isabelita, armó un documental con las imágenes que su abuela tomaba con su cámara de video aficionada. La vida pública del político estaba en el centro de las filmaciones de su esposa, en las que se pueden ver unas imágenes inéditas de Menem en las playas de Uruguay. La directora invierte la lógica de la abuela y el documental hace foco en las olvidadas de la historia, las mujeres de la familia como la tía que tiene un problema de salud, una de las hermanas de la directora, y la abuela. Con un aire a El silencio es un cuerpo que cae, Labaké busca entender a su familia en un retrato íntimo y fragmentario. 

2. Los visionadores 

Nestor Frenkel se mete de lleno en las películas argentinas de los ochenta y los noventa de explotación y dudosa calidad. Esa explotación esta centrada en el sexo, las drogas y lo parapolicial. Todas tienen como objetivo la pedagogía. Muestra cómo muchas de esas producciones toman la lucha contra las drogas con una visión moralizante y terrorífica. También descubre que la mayoría son protagonizadas por Rodolfo Ranni y lo convierte en una especie de superhéroe de un cine que es casi clase B. En una de las películas cortan una pija, la recomiendo. 

3. Le choc du futur

Esta película es una ficción que ocurre en los setenta. La protagoniza una chica que hace música electrónica y tiene en su poder por primera vez en su vida una caja de ritmos. Flashea con una tecnología que le permite pasar de una música más etérea a una más bailable. Resulta un homenaje a las pioneras de la música electrónica. Es una película chiquita que exige que se la escuche con un buen volumen y con ganas de disfrutar de unas imágenes con colores setentosos y una buena fotografía.

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